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1944, UN DOMINGO DE RAMOS EN EL SALVADOR

Licenciada Norma Guevara de Ramirios

En la tradición católica, el cuarto domingo de cuaresma es domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa, día para recibir la bendición de palmas y flores de coyol en todas las iglesias católicas.

En 1944 el domingo de ramos fue un 2 de abril. Ese día hubo un alzamiento cívico militar contra el dictador Maximiliano Hernández Martínez que fracasó: sus principales actores fueron fusilados, expulsados del país, pero aquel acontecimiento fue el inicio del final de la dictadura martinista.

Conocemos poco nuestra propia historia, por ello es importante recordar aquellos sucesos. De los relatos diversos sobre las jornadas de luchas populares contra la dictadura en ese año, se registran páginas de verdadero heroísmo del pueblo.

Maximiliano Hernández Martínez había llegado al poder el 2 de diciembre de 1931 mediante Golpe de Estado, que realizó contra el presidente Arturo Araujo, siendo él su vicepresidente. Encabezó la brutal masacre contra los pueblos indígenas y campesinos que se revelaban en el marco de una aguda crisis social y económica y del despojo de sus tierras.

Más de 30 mil muertes era suficiente para ser percibido como un gobierno brutal, capaz de hacer cualquier cosa contra sus críticos o adversarios, y uno de los efectos de tal brutalidad era el temor.

Martínez fue a elecciones en 1935 con un partido creado por él (PRO-PATRIA). Y pese a las prohibiciones constitucionales se hizo reelegir en 1939. Impulsó la formación de una Asamblea Constituyente para que aprobara una Constitución en la que se le declaró presidente hasta 1945, sin ir a una tercera elección.

Una pregunta surge viendo los hechos desde la distancia: ¿un régimen autoritario como el de Martínez tiene únicamente seguidores, o también en ese ambiente existá la crítica?

A pesar del poco conocimiento de los hechos, son muchos los relatos que confirman que el General Martínez tuvo críticos en su propio gobierno, que  altos funcionarios renunciaron como una forma de protesta ante tanta arbitrariedad y fueron encarcelados.

Es lógico entonces que surgiera un movimiento cívico militar que se propusiera poner fin a aquello, y los hechos de aquel domingo de ramos, aquél dos de abril de 1944, confirman que el deseo de cambio supero el temor.

Esos relatos cuentan que unos alzados se tomaron la radio nacional y anunciaron la rebelión, mientras otros se levantaban en los cuarteles y la fuerza aérea atacaba posiciones leales al dictador.

Tres días duró el enfrentamiento, el dictador logró, con sus leales, derrotar militarmente el alzamiento; un consejo de guerra de manera exprés condenó a civiles y militares, capturados y a otros ausentes.

Los capturados fueron fusilados en la sede de la Policía Nacional y en el cementerio general.

Finalizada la Semana Santa, el martirio de los fusilados cobró fuerza por una vía diferente; un Comité de Huelga de estudiantes universitarios inició la acción conocida como “Huelga de Brazos Caídos”, a la que se sumaron obreros, mujeres de los mercados, médicos, ingenieros, trabajadores ferroviarios, estudiantes de secundaria, bancos. La huelga fue creciendo sin que nada pudiera detenerla.

Cuesta imaginar, a la luz de los relatos y testimonios de sus protagonistas, lo que fue la inventiva y el sufrimiento; la acción de protesta de un pueblo que, en su mayoría, se expresaba venciendo el temor.

Ese domingo de ramos, ese 2 de abril de 1944, marcó el inicio de una potente expresión de lucha popular pacífica, valiente, que puso fin a la tiranía.

No pudo resistir aquel dictador que se creía estaría en el poder para siempre; el 8 de mayo anunció su renuncia, que presentó ante la Asamblea Legislativa, la que fue aceptada el 9 de mayo y, el 10 de mayo, Martínez dejó el país con destino a Guatemala.

Se cumplirá esta semana 81 años de aquel acontecimiento, que durante 39 días cambió una situación que parecía imposible de cambiar.

Justo es que nos motivemos a desentrañar las lecciones de aquel “Año Político” de 1944, como lo llamó el historiador Jorge Arias Gómez, en una serie de artículos publicados en el periódico Voz Popular, en los años 70.

Pero también, además de libros que existan sobre esa memorable lucha del pueblo, los periódicos, Latino, Co Latino, Independiente, El Diario de Hoy, La Prensa Gráfica, en sus secciones de artículos e historia, son fuentes en las que podemos encontrar relatos, memoria de esas trascendentales luchas populares que tuvieron reveses, pero también victorias.

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