David Alfaro
Si a alguien se le ocurre preguntar si Bukele está acabando con la pobreza en El Salvador, la respuesta es un rotundo «sí». Pero, ojo, la pregunta correcta es: ¿está acabando con la pobreza o con los pobres? Porque una cosa es reducir la pobreza y otra muy distinta es exterminar a los pobres.
Bukele ha decidido aplicar la estrategia más primitiva y efectiva para «resolver» problemas sociales: eliminar al problema junto con quienes lo sufren.
La lógica es simple: «Si no hay pobres, no hay pobreza». Es el viejo refrán de «matando al perro se acaba la rabia», pero a nivel de Estado. La solución Bukeleana: erradicar al pobre, no la pobreza.
La pobreza no es sólo la falta de dinero; es el resultado de un sistema que condena a millones a la marginación. Para Bukele, reformar ese sistema no es una opción. Es más fácil maquillar cifras, encerrar a los pobres y, si es necesario, obligarlos a emigrar o hacerlos desaparecer.
Cómo ha ido «erradicando la pobreza» con su método infalible: Desaparecidos por miles: La guerra contra las pandillas ha servido como excusa para capturar a cualquier persona pobre que parezca sospechosa. No importa si es culpable o inocente, lo importante es llenar las cárceles y decir que el país está más «seguro».
Si los pobres están encerrados o muertos, no aparecen en las estadísticas de pobreza. Es más: desapareció la DIGESTYC, esa incómoda institución que llevaba estadísticas de pobres y de pobrezas. ¡Mágico! Desplazamiento forzado: Los megaproyectos turísticos y el modelo de «Ciudad Bitcoin» requieren espacios limpios de indigentes y comunidades empobrecidas.
La solución: desalojos disfrazados de «reubicaciones» y una campaña de gentrificación brutal que expulsa a los pobres de sus propias tierras. Criminalización de la pobreza: Vender en la calle, mendigar o simplemente verse demasiado pobre ya es motivo de sospecha. La militarización del espacio público garantiza que los «indeseables» sean removidos de la vista de los turistas y empresarios.
Así, la pobreza «desaparece» por decreto. Mano de obra esclava para las megacárceles: Los pobres encerrados sin juicio en el régimen de excepción ahora son prospectos de la «fuerza laboral» del Estado. Trabajo forzado disfrazado de «rehabilitación».
Bukele no solo los borra de las estadísticas, sino que además los explota. Doble beneficio. Exilio forzado: 500 mil salvadoreños se fueron del país desde 2019. La falta de oportunidades, el acoso policial y la imposibilidad de acceder a recursos básicos están expulsando a miles de salvadoreños.
El Salvador ya no exporta solo café y azúcar, ahora también exporta pobres. Y los que logran escapar del país dejan de contar en los índices de pobreza nacional.
¡Todo un genio del maquillaje estadístico! El Salvador: Un paraíso sin pobres porque los desaparecieron las pandillas (8 mil desde el 2019), los capturaron mataron o expulsaron.
Bukele sabe que los números son lo único que importa. Y si puede reducir las cifras de pobreza eliminando a los pobres, entonces su estrategia es un «éxito». No importa que el país siga siendo un infierno para la mayoría, lo esencial es que se vea bonito en las fotos y las redes sociales.
Así que sí, Bukele está acabando con la pobreza… acabando con los pobres. Porque en su visión de país «desarrollado», no hay espacio para los desposeídos. Su «Nueva El Salvador» solo tiene lugar para turistas, inversores, cripto estafadores y sus seguidores fanáticos y hambrientos que aplauden su autoritarismo sin darse cuenta de que, en cualquier momento, ellos también podrían ser los siguientes en la lista de desaparecidos.