José R Lazo
Hoy se cumple un aniversario más de su ausencia física entre nosotros y nosotras, de una de las grandes defensoras de derechos humanos que ha tenido El Salvador. Nunca llegaremos a valorar con justicia el gran legado que nos dejó esta mujer, que se convirtió de facto en la primera procuradora de derechos humanos. Cuando uno viajaba con ella, era frecuente que personas en la calle se acercaran al vehículo o la abordaban a pie y le decían: «Gracias Dra. Usted me salvo la vida o por «Ud. Estoy vivo». Fue algo que siempre me impacto las primera veces que lo escuche, con el tiempo lo asumí como una frase corriente, algo normal porque eran tantos casos…
Imaginemos por un momento todo el horror que conoció esta mujer al penetrar en las cárceles clandestinas, la escucha de miles de testimonios de las peores formas de torturas, de las madres buscando a sus hijos, hijas, esposas buscando a sus esposos, de sacerdotes asesinados, religiosas, religiosas, laicos, laicas, del cobarde asesinato de quien le enseño como se defiende la dignidad humana Mons. Romero…con razón, su corazón no pudo aguantar tanto horror, era demasiado dolor.
En cierta ocasión, Madre Alicia (otra gran mujer) de COMADRES, me dijo una gran verdad «Jose, me dijo deberíamos pedir la canonización de María Julia, porque fue un modelo de laica, hizo lo que nos toca hacer a los cristianos que decimos tener fe.
Con el tiempo, creo que Madre Alicia, tenía razón. María Julia, sin dejar de ser una mujer cristiana, sin abandonar su fe. Supo poner, desde su cargo de Directora de Tutela Legal del Azobispado, todo ese peso institucional y de credibilidad acumulada en aquellos años al servicio de la defensa de la dignidad de la persona siendo fiel a lo que Monseñor dijo: NADA ME IMPORTA TANTO COMO LA VIDA HUMANA.
Gracias, María Julia Hernández por tu valentía no solo por haber sido soporte en medio de tanto dolor sino porque fuiste modelo de laicado, fuiste ese paño con el que el pueblo pobre pudo enjugar sus lagrimas.