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MONSEÑOR ROMERO: A 45 AÑOS DE SU ASESINATO. Imaginémoslo hoy: ¿Cuál sería su accionar bajo la dictadura de Bukele?

Por David Alfaro
24/03/2025

En su última homilía, el 23 de marzo de 1980, un día antes de ser asesinado, Monseñor Óscar Arnulfo Romero hizo un llamado contundente al ejército salvadoreño para que dejara de reprimir y matar a su propio pueblo. Sus palabras fueron directas y valientes:

«En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!»

Hoy, la figura y el pensamiento de Monseñor Óscar Arnulfo Romero se alzarían como un faro moral en un siglo XXI marcado por el surgimiento de gobiernos populistas, autoritarios y tiránicos. ¿Cómo encajaría Romero en este contexto y qué postura adoptaría frente a estas realidades?

Romero, conocido por su valentía al denunciar la opresión y la injusticia, probablemente seguiría abogando por la justicia social, los derechos humanos y la dignidad de los más vulnerables. Ante el actual gobierno que mina las instituciones democráticas, limita las libertades individuales, saquea y asesina, es plausible que Romero levantaría su voz en defensa de la democracia y la protección de los derechos fundamentales.

En este sentido, seguramente condenaría cualquier intento de coartar la libertad de expresión, perseguir a disidentes o restringir el acceso a la información. Su mensaje sería un llamado a la resistencia pacífica y a la defensa de los principios democráticos, recordando que la verdadera fortaleza de una sociedad radica en el respeto a los derechos de todos.

Bukele, enfrentado a la integridad y valentía de Romero, reaccionaría seguramente con hostilidad y represión. La denuncia de sus acciones injustas podría convertir a Romero en un incómodo símbolo de resistencia, y la actual dictadura podría intentar silenciar su voz o desacreditar su mensaje.

Sin embargo, la fuerza del legado de Romero radica en su ejemplo de coraje y su compromiso con la verdad y la justicia. A pesar de las amenazas y el peligro que enfrentó en vida, su legado sigue inspirando a quienes luchan por la libertad y la dignidad humana.

En el siglo XXI, Romero sería un faro ético, llamando a la conciencia colectiva y a la movilización pacífica en contra de la opresión y la injusticia. Su voz sigue siendo un recordatorio de la importancia de defender la democracia, los derechos humanos y la dignidad en un mundo cada vez más a la deriva tiránica.

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